LITA

Escrito por Newsletter el . Publicado en Comunidad Villa Juncal

LITA:  Sociabilidad y poético candor, encendidos en pelirroja seducción

Dante Gabriel Rossetti (Londres, 1828Kent, 1882)

Angiolina Irma fue apodada por su marido como  Lita  (Angiolita),  así como también apodó a Graciela, Tela, su hija menor, nuestra relatora que reconstruye la primera parte de esta fascinante historia de vida. LITA encarna la  presencia de los primeros hijos nacidos en nuestras tierras, testimonio de su rica y emocionante construcción familiar  surgida de  migración, de viajes, de esfuerzo de una generación, la de sus padres llegados en “inmenso barco desde Potenza” a la Argentina antes de la Gran Guerra. Del fruto del trabajo esforzado, sumado inteligentemente al refinamiento natural, más el afecto puesto en la construcción de una familia, José y María Elvira  generaron una descendencia ya de cuarta línea: sus bisnietos, como Gaby, quien acompaña también a su abuela en Buenos Aires, entre los otros integrantes también sobresalientes  profesionales que, como tantos argentinos, se han radicado y desarrollado en el exterior, cerrando un casi obligado círculo migratorio.

 LITA, con sus rojizos 93 años de refinamiento y sonrisa,  representa el enlace de estas generaciones formadoras de nuestra sociedad y la historia porteña de barrios, tranvías, colectivos, teatro,  patios de parras e higueras, como ella misma describirá su casa paterna. Primeros recuerdos que surgen en el cálido y entusiasta relato de esta hija menor, Tela.

José y María Elvira se habían conocido en su tierra natal, Italia, y habían sido unidos en matrimonio “por compromiso”, como tantas parejas de antaño, pero resultó, gracias a su sabiduría y creciente amor, una fructífera familia de siete hijos: dos varones, dos mujeres, la quinta hija LITA, y dos varones menores. Un único hermano siguió el camino universitario en la Facultad de Ingeniería, donde encontró a su mejor amigo y compañero, quien se convertiría en el marido de Lita, profundamente enamorado de sus cabellos pelirrojos insinuantemente ondulados y su mirada, andar, y sentir.

A partir de esta etapa del relato, dos referencias sobre LITA se esbozan como una suerte de estribillo de vida  en su reconstrucción de recuerdos, referidas por ambas madre e hija. Son señalados como los elementos constitutivos de su imagen: su belleza atractiva  provocadora de piropos  a lo largo de su andar, o en reuniones sociales, las asociaciones Rita Hayworth, sumado a su intensa sociabilidad, heredada de una típica familia italiana. Graciela sintetiza de la siguiente manera: “Mamá no pregunta “qué vamos a hacer” ni “adónde vamos”, sino “quién va a estar

Constituido el matrimonio y recibido de Ingeniero, se trasladaron durante cuatro años a Salta por razones laborales, donde nacieron sus tres hijos, dos mujeres y un varón. de los cuales Graciela es la menor Junto a ellos, también se traslada la familia del marido. Lita extraña profundamente a sus padres y hermanos y pide volver a Buenos Aires., le falta su entorno familiar extremadamente sociable, de infaltables reuniones dominicales alrededor de la típica mesa italiana. Tradición que continúa, recuerda Graciela, en su infancia, en la casa quinta, llena de primos y tíos. Su extremada sociabilidad hace posible su cariñosa relación hasta con el novio de su nieta, y otros integrantes de la familia incorporados en estas décadas, que serían motivo de admiración y asombro a más de una mujer.

Muy atendida y mimada por su marido, administraba un amplio personal doméstico. Ajena a los quehaceres. Leía mucho y se volcaba con gran placer a la música clásica. En el living de la casa se apagaban las luces y compartían padre, madre, e hija menor, el goce de conciertos de música instrumental, violín y piano. Si bien conocía perfectamente, como toda italiana que se precie, los textos de ópera, su preferencia se inclinaba hacia otros rumbos.

Y la vida, como dicen por ahí, es una de cal y una de arena. Las pérdidas de sus seres más cercanos van señalando hitos en el camino de Lita. Su separación, una difícil enfermedad hoy superada le anteponen desafíos. Pero aquí se agrega otro rasgo: su fortaleza interior y persistente  sonrisa. Crece su capacidad de adaptación a las circunstancias. Ante las mudanzas de la vida, ella acompaña con numerosas mudanzas de casas, y de país. Moverse para mover lo interior.

Sus veranos en las playas, asediada por candidatos que ella rechaza, en Mar del Plata siempre bronceada, coqueta, eternamente maquillada, busca rodearse de amigas. Se intensifica su rasgo socializante y formaliza nuevas participaciones institucionales. Comienza su militancia política y se convierte en Consejera de Barrio, tendiendo redes interpersonales, ejerciendo el mando de seccionales y atrayendo gran cantidad de adherentes al partido y sección Su  histrionismo y simpatía volcados a la acción socio-política. Ya había incursionado en otros ámbitos de facciones religiosas, como Los Testigos de Jehová, que  fueran, en una etapa anterior, centro de su vida.

Otro de los aspectos sobresalientes de estas décadas son los constantes viajes. Acompañada por Graciela, emprenden un largo recorrido de meses por Europa, caminan las ciudades más notorias, toman barcos, cruzan fronteras.  Luego, en excursiones, sola o con amigas, o familia, recorre todas las regiones de Argentina. El acompañamiento de sus hijas y nietos la llevan a radicarse por meses en diferentes estados de América del Norte, como Texas. Períodos de seis meses, a veces menos; unas veces por simple placer, otras, superando el momento difícil.

Graciela cierra esta parte de la historia con algunas apreciaciones contundentes: “Hemos sostenido una muy linda relación.” Sus recuerdos de niñez la llevan a afirmar con ternura que su padre era  muy cariñoso expresivo y LITA, más contenida. Que ya adulta, le confesaba que ante sus reclamos de caricias, sentada en su falda, no podía más que ceder con sonrisa placentera a sus expresivas demandas de hija.

Como buena científica, Graciela confirma con certeza la herencia de los abuelos en las nietas: mientras la mayor siempre postula la tácita pregunta “Qué hacemos”, la nieta menor se afirma en la pregunta: “Quién es, quién está, quién viene”.

Y aquí se incorpora LITA, que viene de su almuerzo. Y, ante mi pregunta: “¿qué contarías de tu vida?”, con total certeza, firmeza y convicción se centra en dos ejes:

“Si hay algo que tengo que resaltar es haber tenido mis hijos. Después me gustó mucho la poesía,  la declamación y la actuación.”

Y así como así van surgiendo en secuencia de catarata de espuma de recuerdos una serie de imágenes y frases y sentencias que no quiero deformar. Y, gracias a la tecnología que graba, aunque menos que el afecto y las fuertes emociones, he retenido estas maravillosas afirmaciones de LITA:

Uno de los versos con los que tuve mucho éxito….. Recuerdo la aclamación….”: Ante el asombro, emocionadas, escuchamos estos versos declamados con sentimiento y entonación magistral:

“Arbolitos de mi tierra,

crespos de vainas doradas

a cuya plácida sombra

pasé cantando mi infancia,

cuándo volveré a verte,

arbolito de mi tierra,

plenos de vainas doradas” [1]

Inmediatamente nos refirió la negativa paterna por su vocación: una profesora tuvo noticia de un importante Festival Arte Escénico y Declamación, en un anfiteatro, y quiso presentar a LITA:

Muy a su pesar, los padres no le permitieron:  “Mi padre era italiano y no quería que se mostrara en público”. Charlamos acerca de las vocaciones en nuestras generaciones. Los permisos y las prohibiciones. Y comparamos con el hoy: su nieta: Literata graduada con honores en la Universidad de Texas, y aun así, decidió compartir su tiempo y energía con el Football. Es Arquera en River, Su madre, Graciela, acompaña su decisión, pues no quiere asuntos pendientes en la vida de sus hijos, como lo tuvieron otras generaciones.

Habló de su viaje en barco, que “no me gustaba. Fui a las bodegas de Mendoza, y probé los vinos.

Y a Bariloche, una obra me llevó a Esquel, Dique de Futaleufú….Iba y volvía de la Patagonia, cruzaban manejando…..Mi rojiza melena abundante, la piropeaban. Mis padres: José y María Elvira, mamá bonachona, mi papá se hacía el severo, pero él le aflojaba en todo. ……Recuerdo la Iglesia de Flores, de Parque Rivadavia. Vivía relativamente cerca. Ramón Falcón  …, a una cuadra de Rivadavia y Lacarra, cercano a la terminal de Tranvías. Pasaba por la puerta. Le llamaban los pitucos. …Elemento diferente de gente que en la otra  zona…. Caminaba de Flores a Floresta…. (Gran caminadora, acota la hija)…..Llegaba a casa llena de piropos, y una vez le pregunté: mamá, ¿de veras soy linda? –Y mi  madre me dijo: - “mirá, las hay mejores”. No quería que me lo creyera. Me  maquillaba a los 18 años a escondidas, me  escapaba a caminar. … No quise estudiar por la presión que ejercían….., no quería el estudio. A mi papá lo tenía dominado con los mimos, la menor: era la mediadora de mis hermanas mayores. “Papá, dejá a las chicas salir”... Me gustaba el cine con locura. Más el cine que el teatro. ….Caminaba por Vélez Sarsfield,  y piropeaban mi melena  pelirroja……Me fascina el mar: en Mar del Plata, iba caminando por las piedras, sin agarrarme de nada, me tiraba casi en el vacío sobre una piedra a tomar sol. Era muy osada……Si  tuviera que rescatar una etapa: la infancia. Papá era muy trabajador: severo. ……….Los domingos se ponía sobre la mesa un tablero y mamá amasaba para todos las pastas…. Hijos y nietos y tíos….los nietos se subían a la parra y a la higuera y se comían todos los frutas ……. la casa tenía jardín, una especie de entrada, una puerta cancel con vitraux, una amplia galería, delante de una cocina, un hall. Se podía entrar por atrás o por delante. …La vida y las reuniones se hacían adentro…... Eran siete hermanos. Miguel Ángel, Luis Ángel, María Elena, Rosita, Lita, y dos hermanos menores. Todos nacidos en Buenos Aires, venía la partera a domicilio……Mi hermana era modista y el Tío Luis (le recuerda Graciela), comerciante de Perfumería sobre Rivadavia…… Recuerdo los Tranvías……Papá tenía el colectivo de la línea 1……La primera que salía de Liniers y llegaba a Floresta. Me acuerdo que mi papá se tiraba del tranvía, hacía sus últimos pasos así (gesto de salto) Primero empleado y después compró el colectivo, fue propietario junto con su hermano………..”

Cerramos la charla, afirmando LITA la importancia de legar la historia de sus abuelos. Hablando del transporte, las costumbres de otros tiempos, su persona y su apellido italiano, recuerda con amplia sonrisa: “cuando iba a algún lado y daba mi apellido, me respondían: la verdad que es Amorosa”. Apreciación que la define de manera simple y eficaz. Sus palabras de cierre con la mirada puesta siempre en los otros:

mis hijos, lo mejor de lo mejor.”


[1] Para leer el texto completo y conocer a  su autor: Ricardo Rojas. Romance de Ausencias

VIDEO INSTITUCIONAL - Año 2003

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