ENTREVISTA A GUSTAVO RÍOS – Instructor Guía de Meditación

Escrito por Newsletter el . Publicado en Aportes Profesionales

ENTREVISTA A GUSTAVO RÍOS – Instructor Guía de Meditación

Desde hace unos meses, la institución ha incluido como parte del proyecto comunitario, tanto para residentes como para el cuerpo de trabajo y servicios, la posibilidad de compartir una  intensa experiencia en nuestras vidas: meditar a través de la respiración. 

Y hoy, en esta oportunidad, lo que comenzó como una entrevista al profesional por parte de los residentes, resultó finalmente como una suerte de meditación grupal, mezcla de reflexiones, explicaciones, relatos de vivencias a partir de sus propios recuerdos surgidos durante la puesta en común, lectura de textos teóricos, y un intercambio rico de enfoques sinceros y espontáneos. Dimos la bienvenida a Gustavo, cuyo Taller de Meditación se desarrolla los días miércoles a las 10:45 hrs. Unos pocos aún no lo conocían y le pedimos que se presentara a sí mismo y su actividad.

Soy Gustavo y vengo a Villa Juncal para hacer con ustedes Meditación, Relajación con sonido y ahora le sumo movimiento del cuerpo, sobre todo de las articulaciones. Con la respiración, lo que hacemos, llevando ese oxígeno a las articulaciones, es destrabar la energía que queda trabada. Lo que hago es sencillo, no salimos a correr Maratón, no ningún otro esfuerzo. Solamente empezamos tomando consciencia de nuestra respiración.

Si yo les pregunto a ustedes qué es lo primero que hacemos cuando venimos a la vida (a lo que a coro el grupo sintetiza): respirar, aspirar, llorar. Y si no respiramos, nos dan esa palmadita por la cual viene el llanto. ¿Y lo último que hacemos en la vida? Expirar. Pero ¿qué pasa? En el transcurso de la vida, parece que nos olvidamos de esto. Y corremos de acá para allá, porque la cabeza nos lleva, y parece que el cuerpo acompaña pero sin tomar consciencia de que acompaña, y terminamos autodestruyéndonos. Entonces, hay que parar, y una forma de parar es tomar consciencia. Hay que tomarse un ratito a descansar, a sentirse en paz, a respirar. Esa respiración que va a nuestro cuerpo alimenta las células porque el aire trae partículas que en las células fermentan y esto hace que uno se sienta vital. Entonces, lo que hago es tomar consciencia, mover las articulaciones, respiro y llevo el aire, inhalo y subo el brazo y despego mi articulación.

Hay una energía que se estanca, entonces, cuando podemos mover esas energías, nos empezamos a sentir vitales nuevamente. Porque acá estamos todos vivos. No importa si están sentados en una silla de ruedas. No importan las limitaciones, están vivos. A veces acompañamos esta respiración con sonidos. Tengo unos cuencos, éstos hacen calmar el sistema nervioso, la mente. Los pin y los palos de lluvia armonizan. En vez de ir a la iglesia, entramos a nuestra propia iglesia. Sentirnos en paz. Esto es lo único que hago: que estén en paz con ustedes mismos. Y, así, después focalizan mejor la mente. Acá tienen talleres de Literatura, de Música, y otros. En vez de permanecer inactivos, callados, tendrán más energía para aprovechar todas las actividades que tienen acá. No dejen que la mente los domine. Lo que hace mi trabajo particularmente, cuando ustedes aprendan a aquietar sus mentes a través de la respiración, del meditar, de estar en paz, es permitirles aparecer recuerdos hermosos. Por ejemplo, Clementina tuvo un recuerdo muy lindo el otro día. Ella empezó a ir asiduamente, entonces pasan estas cosas.

Y pide a Clementina, ya que está presente y su cuento es hermoso, que comparta el recuerdo surgido durante su meditación, para mostrar de qué manera se libera nuestra mente y surgen detalles olvidados. Entonces, Clementina nos cuenta:

“Recordé algo que me gustaba hacer en España, era necesario para el bien de la familia, para el bien de la casa, porque era trabajar en la playa. El producto se llevaba para las fincas. Yo recuerdo eso y parece que me veía delante de eso que agarraba. Era muy lindo. Además de servir para echar a la tierra, servía para comer. Se limpiaba, se cocinaba. Eran mejillones. Se llevaban a la mesa. Y, además, entre esos mejillones, hay unas algas que se llaman bochos, porque es un alga así larguita y en la punta tiene una bocha redonda. Esas también se comen, pero nosotros no las comíamos. Hay que saber prepararlas, que se limpien. Tienen varios procedimientos. Pero ahí hay unos caracoles, como los de la tierra, pero son de mar. En tierra hay muchos pero nosotros no probamos ni uno. Sin embargo, los de mar anda la gente buscándolos, porque son más ricos, y nos parecen más sanos. Los de tierra comen lo que nosotros desperdiciamos, pero los de mar, no.”

A lo que Gustavo le agrega el pedido de compartir nuevamente otro de sus recuerdos, que tenía olvidado y reapareció en el momento de Meditación, y con risa amable, Clementina continúa:

“Fue un día de sport, fui con mi marido que era mi novio, y con una amiga, en una barca a pescar al mar. Y resulta que a mí me pusieron en el medio de la barca. Y, yo veía que ellos echaban la línea y en seguida empezaba uno a recoger, y empezaba el otro de allá (Clementina gesticula  como recogiendo líneas de pesca a toda velocidad) y recogían. Y así estuvieron como tres cuartos de hora, y yo ni uno. No me venía nada. Y yo decía; ¿qué pasa?, claro, a mí me pusieron en el medio, y los peces vienen de allá (mira hacia la izquierda) y vienen de allá (mira hacia la derecha), y comen lo primero que encuentran y tienen que pasar mucho camino para llegar a mí, por eso a mí no me vienen. Y me dice mi novio: porque tú le echas poca tanza. Echa más tanza  (explica su significado): hilo de nylon en el que se coloca en la punta el anzuelo y ahí se le pone un pedacito de carnada: un pedacito de lombriz se le mete ahí y el pez, como con el gua eso se mueve, viene corriendo y le echa la boca, y al echarle la boca, tú lo sientes, porque queda agarrado por la boca y entonces empieza a moverse para querer escapar, y tú lo notas y es cuando tú empiezas a recoger la línea para sacarlo. Y, claro, a mí primero no me venía ninguno porque se conoce que echaba poca cuerda al mar y los peces estaban más profundos y el mío quedaba volando en el aire. Pero, cuando me dijeron: échale más cuerda, entonces empecé a echar y a sentir sacudidas. Tiro, tiro, tiro, un pez así grande (gesticula inmensidad). Lo saco, lo echo a un caldero y vuelvo a tirar la línea Y vuelvo a sentir, a sentir, a sentir. Tiro, tiro, tiro, tiro, otro pez así grande (otra vez gesticula inmensidad) y los de ellos eran así de chiquitos, entonces yo les dije: ¡ay! ¿Vieron?, uno solo del mío vale más que todo lo que ustedes tienen en sus cubos. Los míos son más grandes, y me dice mi marido, ahora mi marido: bueno, porque te enseñé yo.- ¡Ah!,  Bueno, ya que me enseñaste a mí, haz tú lo mismo. Échale más línea. (Lo que provoca risas generales de todo el grupo). Ese día, recuerdo que llegamos a casa y tuve que repartir todos los peces.”

Continúa Gustavo señalando a Carlos, residente que asiste siempre a Meditación, y comparte con los presentes que él empezó a recordar que su papá tenía una máquina de escribir: “¿no es cierto, Carlos?, contálo vos., - a lo que Clementina agrega -: “porque al estar ahí sentado, la mente parece que se te da vuelta” - Y comentamos: -  “Liberás”  - Y agrega Clementina:-  “Entonces, te recuerdas, te vienen los recuerdos de allá. Están guardados allí sin salir para fuera”.

Gustavo: “Están guardados en el corazón, allí guardamos todo lo lindo”. - Y se le vuelve a invitar a Carlos a compartir su recuerdo, a lo que responde que se la han borrado en un alto porcentaje, pero le aclara Gustavo:-  “Te quedan muchos, de a poquito vas a empezar a recordar.

Entonces Carlos aclara que en el Taller de Literatura   …

”aprendí muchísimo a utilizar el    40%, y que aunque tenía el 60% borrado, con ese 40% tenía de sobra. Bueno, lo que yo me recordaba en Meditación es que mi padre, Ingeniero Civil, tenía una máquina de escribir en el departamento, y nosotros éramos tres varones y entonces nos jorobábamos entre nosotros con el football, cosas de aquí y cosas de allá.  Lo escuchábamos por radio y lo leíamos en el diario. Y mi padre dijo un día: No se peleen tanto por la máquina de escribir,  no es para tocarla permanentemente. Recordaba cómo es ahora con esos aparatos de Internet, y lo demás, que se pasan el día tonteando con él, y no saben escribir a puño. Entonces, empezamos a escribir media hora por día per cápita. Al mayor, y al del medio, que era yo, y al menor, otro  día dijo mi padre: resuelvan una cosa, de qué club son hinchas de football cada uno dijo por orden de nacimiento: el mayor dijo River, yo dije Boca y el menor se calló….”

Gustavo retoma la línea general de explicación: “Eso es: exhalar, inhalar, moverse. Que esa energía que está estancada pueda volver al cuerpo y nos vuelva a energizar, a dar fuerzas, a dar ganas. Traje algo que me pareció interesante que dice Deepak Chopra:

“El cuerpo cuida de nosotros respondiendo al circuito de retroalimentación o canales de comunicación que creamos dentro de nosotros mismos, por ejemplo: cuando tenemos una emoción positiva o negativa, mi cerebro envía químicos correspondientes a todo mi cuerpo, y el cuerpo reacciona de acuerdo con las señales de esos químicos. Por eso es tan importante que le prestemos atención a los mensajes que le estamos enviando a nuestro cuerpo, porque ellos juegan un papel vital en nuestra salud. El aporte mental positivo crea un estado de bienestar vibrante. El cerebro, el sistema nervioso central, envían una corriente constante de mensajes creando un circuito de retroalimentación de información, Un lado del circuito funciona automáticamente. El otro lado es afectado por el libre albedrío en una dirección. Es importante recordar esto: nuestra percepción de las experiencias y nuestras elecciones diarias entran al circuito de retroalimentación de nuestros cuerpos enviando señales químicas desde el cerebro a nuestras células. El circuito de retroalimentación entero funciona con ese mecanismo. Y, en lo que se refiere a las células, no hay diferencia entre el mensaje que comenzó como una emoción, o el que comenzó como estrógeno o adrenalina. Hacer ejercicios, obtener la nutrición adecuada, evitar toxina y otras medidas físicas, juegan papeles fundamentales en la buena salud general. Son más importantes los mensajes que reciben nuestras células. El cuerpo es un mecanismo inteligente cuidado por un cerebro que nos cuidará de por vida, si minimizamos los mensajes negativos, y maximizamos aquéllos que son positivos.”

María Julia: “En teoría es muy complicado, cuando uno lo aplica se aclara y se entiende

A lo que Gustavo agrega una reflexión más: “La mente nunca nos lleva a nuestro momento presente. Siempre nos está llevando al pasado o al futuro. Pero, cuando nos lleva al pasado, no nos lleva a nuestras cosas lindas generalmente, sino a cosas más negativas, más rebuscadas, más enroscadas, más desagradables. Entonces, eso hace que nuestro cuerpo se vaya enfermando. Entonces, a través de la respiración, focalizamos y empezamos a vivir en el momento presente, a sentirnos tranquilos. Vuelvo a decir: ustedes pueden focalizar el cerebro en hacer cosas que se vayan presentando, como todas las actividades que tienen acá. Algo tan simple como respirar.

Respiramos y llevamos el aire a una articulación, de arriba y de abajo, por ejemplo. Porque se supone que nuestro cuerpo está dividid: un parte es la Tierra y la otra el Cielo, y tienen que estar unidos. La parte superior que representa al Padre. Y la Tierra, parte inferior, se dice que es la Madre, es la que nutre. Debe estar conectado todo en armonía. Y todo pasa a través de nuestra  columna.  Y hace un circuito, que cuando no está bloqueado por algún pensamiento, circula libremente (…) Todos juntos tenemos que darnos una mano. Venimos a aprender. Nadie nació sabiendo. Todos cometemos errores.”

María Julia : “Vos dijiste que es nuestro cuerpo es como una Iglesia. Pero no lo sustituyo,  yo hago los dos, son complementarios.”

Gustavo explica que además de la oración, nosotros podemos tomarnos 5 minutos como para estar con nosotros mismos.  Se comenta que todas las religiones cuentan con este momento de interioridad de nuestro ser. Gustavo agrega que todas culminan en lo mismo. La mirada en nuestro ser interior, y qué hacemos nosotros con eso que está dentro nuestro.

Clementina: “A veces enfadarnos y a veces reírnos, otras veces te despabilas para  hacer una cosa, y otras veces dan ganas de meterse en la cama.”

Gustavo reflexiona y aclara a Clementina: “Eso que tanto enfado nos dio, es lo que nos dio una enseñanza”

Y Emilia, acompañante de María agrega: “A veces el enfado es bueno, uno saca de dentro todo lo que tiene”

Gustavo.  “ Y  qué pasa si no, nos aferramos a él, nos abrazamos a esa ira, esa rabia y no la soltamos, la dejamos ahí adentro. No es beneficioso, termina dañando mi cuerpo. Por eso: SOLTAR, hay que sacar para fuera. Y cuando hago ese ratito de meditación, en que los voy guiando: lleven el aire acá, lleven el aire allá…”

Entonces Inés, coordinadora de esta actividad, le pide a Gustavo que describa una experiencia acotada, cómo se desarrolla, cómo va implementando. Gustavo comienza a relatar:

Lo primero que hacemos es inhalar. Mandamos el aire a una zona. Levantamos brazos. Inhalá y exhalá, y estiráte como si te tiraran de una piolita. Lo más que puedas, y cuando sientas que ya te cansaste, bajá. Esto despega el omóplato, que a veces se nos pega, y ahí abajo hay energía contenida, acumulada, y , generalmente, son estas que nos dan broncas, miedos, culpas. Por eso, cuando las liberamos, que soltamos con el aire, que jugamos. Yo lo llamo un juego, porque para mí la vida es un juego. Estamos de paso por acá, y tenemos que aprender a jugar con las cosas buenas y las cosas malas. Cada uno se va regulando. Quizás yo tenga una molestia en la pierna izquierda, y si me doy cuenta, inhalo profundo, y en mi silencio, cuando exhalo, trato que esa molestia salga para afuera. A veces, les pongo música, o toco ciertos sonidos, es momento para que ustedes saquen lo que quieran: por ahí puede venir risa, por ahí puede venir llanto. No importa lo que venga, bostezo. Es momento para que te liberes, porque todos los orificios que tiene el cuerpo es para liberar.“

María Julia: dónde estudió: “Hice cursos de respiración en la escuela de El Arte de Vivir, hice Yoga un año, ahora hago el Instructorado de Yoga, donde ya entra lo que es Filosofía, se va más profundo. Por ahora, lo que hago con ustedes, es trabajar la respiración con las articulaciones.”

Luisa:  cuántas veces por semana asiste: “Por ahora, los miércoles de 11 menos cuarto a 12.”

Inés le pregunta por qué cree que cada vez más en Occidente la gente se hace adepta a estas prácticas de meditación y filosofías orientales: “Se está tomando consciencia de que vinimos a este mundo a hacer algo, y no vinimos a acumular bienes materiales. En mi caso, he venido a ayudar al Otro, y éste es mi misión. Momentáneamente es esto. Y soy feliz haciéndolo (…) Me hace feliz venir a acá, a estar con ustedes un rato, compartir. Mi objetivo es que ustedes estén en paz, tranquilos. Porque nadie sabe cuándo nos vamos a ir de este mundo, quizás sea yo primero que ustedes. Esto no lo sabe nadie: es el secreto mejor guardado. Pero lo que sí sabemos es que acá venimos todos a darnos una mano, hoy puede ser que sea yo, mañana puede que seas vos que tengas que darme a mí, y siempre del lado del amor. No desde el lado de la pelea, de la guerra. Y eso es lo que está pasando en el Mundo, hoy. (…)Se puede hablar. Yo planteo esto, vos qué me planteás. Seguramente podamos tener algún enojo, pero vemos cómo podemos amalgamar lo tuyo y lo mío para que se materialicen.”

Alcira: cómo nació su vocación: “Tuve la suerte y la gracia de tener dos padres hermosos. Mis papás llenaron en mi corazón amor, mucho amor. Cuando vieron que ya era el momento, que ya entré con inquietud y quería conocer las cosas de la Vida, fue cuando me soltaron. Tenía que aprendía que aprender. (…)Somos cuatro, dos mujeres y dos varones. Y los que salimos a esto de querer comernos el mundo, fuimos mi hermano y yo. (…) Soy de Salto, Uruguay, (….) Cumplí 52. (…).”

Emilia, acompañante de María, quien asiste asiduamente a Meditación: existe un momento del día que sea más propicio para meditar, la mañana o el atardecer.En realidad, no se necesita un tiempo. Vos podés estar pelando papas y estar meditando. La cuestión es que aprendas a ser testigo de qué tipo de pensamientos estoy teniendo en ese momento… porque por ahí estoy pelando una papa pero estoy pensando cosas…. Entonces, cuando aprendo a ser, testigo de mi mente, puedo captar esos pensamientos (…)”. Y agrega Emilia: “o sea, es en todo momento el trabajar el pensamiento”.

Aclara Gustavo que lo que hay que parar es la máquina. A veces dormimos y seguimos con la máquina enroscada. (..) los recargamosLuisa afirma: “El cerebro trabaja siempre”.Y Gustavo explica: “Trabaja porque lo recargamos con cosas que no sirven (…) el cerebro transmite a mi cuerpo, llámese emoción, sentimiento, energía, pero como estamos tan perturbados por lo externo, no podemos prestar atención sobre qué mensaje nos estamos enviando (...) Todo soy yo, nadie tiene la culpa de nada (…) Inés intercala: “No es lo que nos sucede, sino cómo lo enfrentamos.” Luisa acota: “Pero hay personas (…)Y le explica Gustavo: “Para ahí es donde estás vos para decir: cierro mis oídos a esta persona, para eso tengo mis sentidos, yo me aparto de esta persona porque no me retroalimenta con lo que a mí me gusta: paz, serenidad, tranquilidad, amor. Por ejemplo, si la energía de una persona es el odio, ¿de qué se retroalimenta?, de más resentimiento, de envidia, de celos, la antítesis de lo otro. Eso está en el mundo.”

Luisa cuestiona entonces: ¿Pero no tenemos que ayudar al prójimo?  Y Gustavo reafirma: “Sí, pero vos vas a ayudar desde tu lugar, sin involucrarte. Porque si te involucrás con esa persona, lo que hace es dejarte su energía en vos. Y, de repente, te vas a parar y decir: ¿por qué estoy enojado, si yo no hice nada para estarlo? ¿Qué pasó? Esa persona te dejó esa energía. Inés agrega: “Es como una bacteria”. Gustavo ejemplifica con el ámbito político en general. (…) “Yo elijo y trabajo desde mi silencio porque no quiero que nadie me venga a lastimar (…)”.

Gustavo propone abrir más ampliamente el abanico del pensamiento y llevarlo hacia las religiones que promovieron la paz, pero el odio de los otros destruyó a las personas que promovieron dicha  paz. “Cristo, por ejemplo, no estaba haciendo ningún tipo de daño, sólo estaba ayudando. Miren lo que puede hacer el odio” (…) A lo que Inés comenta acerca de las diferencias, justamente, entre Cristianismo y el Oriente, en el que se promueve la perfección individual, hasta un poco egoísta, y desalienta el involucrarse o mezclarse con el mal para modificar y promover el bien. El primero aportó un enfoque novedoso social, recomienda el involucrarse socialmente para generar el bien, modificar el mal en bien, hasta jugándose la propia vida.

Gustavo:: “Si vos venís a mi vida y algo tuyo me provoca enojo, quiere decir que hay algo allí que tengo trabado, que no lo solté y me engancho. Eso está en la vida, como ocurre el día y la noche. Pero no me lo tendría que tomar tan a la tremenda, sino que lo elaboro y descubro: esto viene por acá. Cada uno con lo suyo, y lo suelto. Somos energía. Vuelvo a decir: para eso estamos, todas las almas de este planeta estamos para ayudarnos. Quizás desde ese lado oscuro me ayuda esa persona, porque me hace ver algo que guardé, que no solté. Eso me daña adentro. En cambio, si lo discuto y llegamos a un acuerdo, (… ). Entonces, desde su lugar de odio, y yo desde mi lugar del amor, lo importante es lo que se plasme desde el amor  un acuerdo (…)  La luz siempre termina ganando.”

Inés propone redefinir y remarcar la diferencia entre culpa y responsabilidad, a lo que Gustavo responde: “La culpa genera castigo (…) y en este silencio profundo de la meditación aparece la culpa. Observá si no lastimaste a alguien. (…) Si tengo la suerte de que esa persona que lastimé está viva, tengo que tener mucha fuerza para ir a pedirle perdón. Y si no, trabajo adentro mío para perdonarme y soltar.”

Ante todas estas reflexiones, Inés pregunta al grupo si existe alguna otra duda o alguien quiere comentar. Y una voz dice: “Perdón, a qué hora es la meditaciónEs la frase síntesis del efecto que esto tuvo sobre varios de los asistentes.

Gustavo retoma la explicación general para los que se incorporaron a esta charla hacia el final. Y agrega: “Y, al final charlamos un poquito: cómo vine y cómo me voy.”

Alguien comenta que no le gustó que estuviera casi a oscuras, a lo que Inés establece una analogía: “Es como en el cine: para concentrarte en la pantalla, necesitás oscuridad y silencio, y te focalizás en eso.” Gustavo prosigue: “No hay que tener miedo, yo estoy allí cuidándolos, es solamente viajar adentro mío, como le pasó a Clementina. Fue a esos lugares de donde trajo recuerdos de cosas hermosas, que muchas veces lo anulamos.”

Se vuelve sobre el sentimiento de culpa, la diferencia con la responsabilidad y la importancia de la dis-culpa o pedido de perdón. “Hay que observar de qué energía me agarro (…) ahora soy consciente de lo que hace la energía. La culpa es una energía, la ira es una energía, todo es energía, nosotros somos energía (…) es fatal en nosotros, si es negativa, por eso hay que saber cómo manejarla.(…) Soltar.”  Una residente aporta  un ejemplo de anécdota personal de culpa y  pedido de perdón, a lo que comenta Gustavo cerrando ya este encuentro sereno y en paz:

“Te felicito, es maravilloso lo que hiciste, ojalá en el mundo hubiera mucha gente como vos, viviríamos maravillosamente bien.”

VIDEO INSTITUCIONAL - Año 2003

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